Todas las mujeres somos putas, eso lo tengo bien
claro. Unas son más astutas que otras, unas consiguen más que
otras, unas se lo disfrutan más que otras, pero todas, en fin, somos
putas.
¿QUÉ ES
UNA PUTA?
Me había bajado la regla por primera vez, así que
la liberal de mi madre me dijo: “Como ahora te puedes preñar pues
te voy a dar el ‘sex talk’”. Era una niña precoz y veía
muchas películas R, así que ya sabía por donde venía la cosa.
Mami me dice: “El sexo es lo mejor que vas a hacer en la
vida. No conozco a nadie que diga que no le gusta” y comenzó a darme explicaciones explícitas de lo que iba a sentir y de lo que iba a hacer. Siguió: “Cada vez que lo hagas usa un condón, no te puedes preñar, si te preñas te lo sacas y no me digas nada porque yo soy tu madre y se supone que te regañe”. Entendido. Finalizó: “Nunca te mueras por un hombre, que ellos se mueran por ti y ya sabes, una dama en la calle y en la cama se lo que tengas que ser”. Ya entrada en la adolescencia entendí esa parte. Una cosa es ser puta y otra cosa es putear. Años mas tarde, mi abuelo, que en paz descanse, me dice de la nada sentado en el balcón de su casa: “Aunque estés molesta con tu marido, acuéstate con él”. Me chocaron sus palabras, era la primera vez que me hablaba como hombre y no como abuelo. Cuando me molesto con Alfredo, pienso en él. Aprendí la diferencia del sexo para el hombre y para la mujer. Los hombres son animales, se manipulan en la cacería, no desnudas.
vida. No conozco a nadie que diga que no le gusta” y comenzó a darme explicaciones explícitas de lo que iba a sentir y de lo que iba a hacer. Siguió: “Cada vez que lo hagas usa un condón, no te puedes preñar, si te preñas te lo sacas y no me digas nada porque yo soy tu madre y se supone que te regañe”. Entendido. Finalizó: “Nunca te mueras por un hombre, que ellos se mueran por ti y ya sabes, una dama en la calle y en la cama se lo que tengas que ser”. Ya entrada en la adolescencia entendí esa parte. Una cosa es ser puta y otra cosa es putear. Años mas tarde, mi abuelo, que en paz descanse, me dice de la nada sentado en el balcón de su casa: “Aunque estés molesta con tu marido, acuéstate con él”. Me chocaron sus palabras, era la primera vez que me hablaba como hombre y no como abuelo. Cuando me molesto con Alfredo, pienso en él. Aprendí la diferencia del sexo para el hombre y para la mujer. Los hombres son animales, se manipulan en la cacería, no desnudas.
A los 14 años, mi madre me mete a coger clases de
refinamiento, claro, ella juraba que yo me iba a casar con el
príncipe William. Entre lección y lección me confundía el por qué
los hombres le tienen que abrir las puertas a las mujeres, de por qué
el hombre debe pararse al frente de la mujer en las escaleras
eléctricas, de por qué el hombre, cuando se cruza la calle, debe
estar al lado de donde venga el tránsito. Me hacía sentir como una
inútil. ¿Dónde están las feministas? Me dejé llevar por la
corriente, es cuestión de que te valoricen, pensé. No le di cabeza
hasta varios años después.
Cuando vivía en Los Angeles, el esposo de una amiga
dijo: “Yo no sé por qué el hombre tiene que pagar la cuenta en
las citas. Las mujeres hoy día trabajan y la pueden pagar. Además,
no buscan la igualdad con los hombres, pues que paguen”. Sentí esa
cosquillita que te entra por los pies, te recorre la sangre y te
empieza a latir el cerebro, agudizado por el ron que había
consumido, no me pude aguantar y escupí: “Porque por eso les
mamamos las pingas”. Pasó como en las películas, hasta la música
se apagó y todo el mundo me miraba. Ahora que tenía la atención de
todos en la habitación, abundé: “Mira nene, tu te crees que
nosotras nos morimos por mamártelo, pues déjame decirte que no. Te
crees que nos gusta ponernos en cuatro y darte el culo, pues no. Los
gay lo hacen porque ellos tienen próstata, nosotras no tenemos. Tú
te crees que nos gusta acostarnos con ustedes a cualquier hora en
cualquier parte de la casa o en público. Pues no. Lo hacemos por
deber. El deber de una mujer a mantener a nuestra pareja contenta. Lo
menos que tu puedes hacer por mí es pagar la cuenta del restaurante,
abrirme la puerta del carro y comprarme flores de vez en cuando.
Nosotras los mantenemos contentos y ustedes pagan,
¿entendiste?Fulanita (voy a mantener el nombre de la esposa en el
anonimato) si se queja, sus razones tendrá. Haz algo por él.” Por
lo visto, no entendió mucho porque ambos se fueron de la fiesta.
Ahí, rodeada de amigos que me aplaudieron, comiendo pizza de
Domino’s y medio mareada del alcohol, me di cuenta que había
encontrado el santo grial de las relaciones.
Semanas después conozco a Alfredo. Después de
enamorarme hasta el tuétano, Alfredo me dice: “Quiero sacarte a
comer, pero no tengo dinero. Tenemos tres opciones, quedarnos en la
casa, salir a un restaurante, pero nos dividimos la cuenta o te puedo
llevar al KFC que queda aquí al lado”. Yo decidí ir al KFC.
Alfredo se sintió macho al sacarme de la casa y pagar por nuestra
comida de fast food. El KFC estaba vacío, el manager nos atendió,
nos llevó la comida a la mesa, me regaló un pop-corn chicken y
cantamos hasta la medianoche la música de los ochenta que tenían en
la radio. Cuando botamos la basura y pusimos la bandeja encima del
zafacón. Alfredo y yo nos miramos y él me dice: “No puede ser que
la mejor cita de mi vida haya sido en un KFC”. Sí, así fue. Y en
ese momento, Alfredo me abrió la puerta del establecimiento y
después la del carro. Ese día me enteré que me había convertido
en su puta.
LAS
PEORES PUTAS.
Las peores putas son las mujeres de Torrimar. No
sabía que existían hasta que me mude al área
metropolitana hace
dos años. Una mujer de Torrimar, no es una mujer que viva en esa
área geográfica específicamente, ser de Torrimar es un estilo de
vida. Son mujeres que las estrenan desde niña a no ser
independientes y piensan que el logro mas grande de una mujer es
casarse con un hombre que venga de familia adinerada, aunque él no
sirva para nada, las mantenga y las preñe para así asegurarse de no
trabajar. Casi todas son estadistas, no saben cocinar y tienen una
empleada doméstica. Buscan a sus hijos a la escuela conduciendo
guaguas de marcas europeas, aunque no las puedan pagar, porque es muy
importante comerle mierda a los demás padres. Se visten de ropa de
gimnasio aunque no hagan ejercicios porque prefieren ir a Figurella,
que cansarse. Odian a Calle 13 y piensan que Sylvia Rexach es una
actriz. Compran carteras Gucci y creen que Boticelli es una pasta.
Hacen fiestas en la marquesina de sus casas para vestirse porque es
mas importante lo que llevas puesto que tu presencia. No leen Cien
años de soledad, pero estan suscritas a Imagen. Hacen préstamos
para que sus hijas desfilen en el Caparra Country Club, pero no le
dan un centavo, ni le dedican tiempo a alguna organización
filantrópica. Para ellas, Versailles es un restaurante cubano, no el
palacio de María Antonieta. Aguantan cuernos porque es mas
importatne la vida de apariencia a vivir pobres. Viajan a conciertos
a Miami, van de shopping a NYC, esquian en Colorado, pero jamás
viajan para aprender cultura o algo del mundo. Hacen de tripas
corazones para que sus hijas estudien en CPN o Maria Reina y la
graduación no es cuando la niña culmine cuarto año, sino cuando de
su cuello cuelgue una sortija cuadrada con un león en el centro y la
frase “fortes in fide”.
¿Por qué estas son las peores putas? Porque estas
mujeres no se merecen lo que los hombres les dan. La diferencia entre
estas mujeres y un mantenido por el gobierno es le tamaño de sus
casas. No aportan nada a la sociedad y lo peor de todo es que tampoco
quieren hacerlo. Por lo tanto, con esas mentalidades retrógradas y
la falta de un sentimiento de pertenecer a una sociedad, no me
sorprende que este país este tan jodido.
Recuerdo que me invitaron a una cena a casa de una
mujer de Torrimar de mi edad. No tenía muchas ganas de ir, pero como
Alfredo me arrastra a hacer networking a cualquier lugar y quedaba
demasiado cerca de mi apartamento como para decir que no, accedí. Me
pongo unos mahones y unos flats, total, era lunes por la noche.
Alfredo no aprueba mi selección de ropa, él tiene más experiencia
que yo con estas mujeres, así que me puse unos wedges, eso sí,
rehusé maquillarme. Cuando llego a la fiesta, todas las mujeres
estaban vestidas como si fueran para una entrevista de trabajo en
Vogue. Los hombres se pusieron a jugar XBox y las mujeres se quedaron
en la cocina hablando de CostCo. Miro a Alfredo con cara de amargura
y el me devuelve la mirada vacía. La dueña de la casa me pregunta
de la nada que cuando me voy a casar y le contesto que no siento la
necesidad, que vivía con él hace años y la única diferencia entre
casarme y lo que tengo ahora es un papel, que si casarme es tener una
fiesta, puedo esperar. Claro, estas mujeres no entienden eso, no las
dejan vivir solas antes de casarse y tampoco pueden pernoctar en casa
de sus parejas porque hay que aparentar que eres una católica
apostólica romana y no vives bajo el pecado de la carne. Le digo que
de mi parte tampoco me convendria porque me pienso casar por
capitulaciones. Me dice que no importa, que ella estudió derecho y
se dió cuenta de la importancia del matrimonio. Le digo que mi papá
es abogado y si fuera importante casarme, ya me lo hubiera dicho. Le
pregunto hace cuanto se había casado, me dice que hace menos de un
año y abundó: “Yo no tuve un compromiso así como que él me
propuso matrimonio, después de terminar derecho le dije a mi marido
que ya era hora de casarnos que me diera un año para planificarla y
la boda la pagó mi papá”. Obviamente, el padre le pagó la boda,
ya sabía que era una típica Torrimareña y obviamente, el marido no
le propuso matrimonio, parte del plan es meterle a la mujer por los
ojos al hombre, además de que entre ellos, no hay química, se nota
a leguas. En cambio, yo seré ilusa, pero espero que el día que
Alfredo me proponga matrimonio, se arrodille, llore como protagonista
de novela de Televisa, y me diga las razones por las cuales no puede
vivir sin mi. Le contesto que si mi papá fuera a gastar dinero en
una boda, preferiría que me lo diera para yo inventirlo en mi
negocio. Que Alfredo y yo tenemos un contrato que, aunque no es
matrimonial, nos ata legalmente y que la única ventaja que veo es
poder compartir el seguro de salud con él porque ahora mismo no
tengo ninguno. Me dice: “Yo leí un caso, en la escuela de derecho,
de una mujer que el marido estuvo en el hospital y no pudo tomar
decisiones por él porque no estaban casados”. Le digo que eso le
conviene a Alfredo porque yo creo en la eutanasia. La chica se me
queda mirando como Tyra Banks, sonriendo con los ojos, sin decir
nada, pienso que ella cree que la eutanasia es una vitamina
antioxidante recetada por un naturópata. No me entiende y la verdad,
yo tampoco a ella. Saca el álbum de boda y me dice que no lo puedo
ver a menos que me lave las manos y tampoco podía estar a seis pies
de distancia si tenía un trago en la mano. Alfredo le pregunta al
marido si ella está hablando en serio y él le dice que sí y ella
añade: “si el álbum te hubiera costado $3500, tú estarías igual
que yo”. Vamos a aclarar, no me quiero casar y mucho menos quiero
ver el album de boda de una persona que he visto tres veces en mi
vida y si ese album costó $3500, además de que es una estafa, no le
costó nada a ella, porque ella es una simple recién graduada de
derecho, que se colgó en la reválida y el marido la mantiene. Y esa
mujercita se cree que puede darme consejos o tan siquiera hacerme
saber que lo que ella tiene es mejor que lo que yo tengo. La gente
tiene que entender de una vez y por todas, que no todos queremos lo
que ellos quieren. A mí la felicidad me la trae mi independencia. Yo
no me acuesto con un hombre para que me mantenga, yo me acuesto con
un hombre porque quiero.
LAS MEJORES
PUTAS.
Efectivamente, esas son las mejores putas. Las
mujeres que se acuestan con los hombres porque quieren, porque aman a
su pareja sin querer nada de vuelta, excepto respeto e igualdad. Las
mejores putas son las mujeres independientes que no necesitan de un
hombre, tienen uno porque las complementan. Las mejores putas son las
que se quieren a ellas mismas más de lo que jamás amarán a un
hombre. Son mujeres que aman con la razón, no por conveniencia. Si
el marido les pega cuernos, lo dejan. Y esa es la clave, las mejores
putas son aquellas que sus parejas saben que ellas no van a estar ahí
siempre. Si su comportamiento no es aceptable, si no son buenos
esposos, buenos padres, buenos proveedores, se quedan solos. Digo
proveedores, porque a ellas nos la mantiene nadie, pero tampoco
mantienen a nadie. Si están en la casa ejerciendo su rol de madre es
porque lo desean, no porque las obligan. Son las mujeres que hacen
trabajar a los hombres por lo que ellos quieren. Son las mujeres que
usan la manipulación de Inception a beneficio de él o de los dos,
nunca a beneficio de ellas solas. Son las mujeres que los hombres
nunca llamarían puta.
Fuente: Lydia Aquino Imagenes: Ecualink


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ResponderEliminarHombres, leamoslo y aprendamos!
ResponderEliminarCualca
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