Hoy fue un día hermoso, di el primer paso en lo que será un ciclo de oportunidades para seguir soñando… ¡Me presenté a la universidad!Para muchos puede resultar estúpido, puede resultar aburrido y hasta han de pensar que pierdo mí tiempo dándoles entretenimiento textual a través de un tonto escrito sobre mi examen para la universidad (eso pienso yo), pero igual lo relataré:
Soy de una pequeña ciudad de la costa atlántica colombiana, sueño con la libertad de ser el responsable de mi propia existencia y tener la oportunidad de tomar mis propias decisiones para la vida. Sí, soy un adolescente y puede que suene trillado, pero la libertad es lo que mueve mis sueños, porque más allá de un plan de estudios o de una carrera, lo que quiero con todo esto es que la libertad sea mi absoluta sustancia.
El día empezó soleado, una ciudad desconocida y anhelada me abría sus calles para recorrerlas. Cada paso era un gran paso en mis sueños y el anhelo de éste se reflejo en los latidos de mi corazón, mi acelerada sudoración y la extraña necesidad de hacer
la inevitable pregunta: “¿Dónde queda el bloque 03?”. Al llegar a la facultad me di cuenta que no era el único desesperado y perdido, pude notar en cada gesto, que como yo, muchos perseguían un sueño; no tengo claro si era el sueño de libertad, pero lo que si tuve claro es que ese momento estaba por definir un sentimiento y un futuro, un futuro soñado por muchos, uno que involucra libros, mudanza y libertad (Bueno, eso involucra el mío).
La caminata hasta el bloque fue rápida y serena, nada parecido al afortunadamente inestable miedo que me provocó tener frente a frente ese examen, los síntomas volvieron: Acelerada sudoración, corazón agitado; eso me trajo a la mente aquella vez en la que conocí a aquel desaliñado e interesante ser al que llamaré “Você”. Sus palabras eran fuertes y preciosas dagas que en un dialecto entendido solo por nosotros dos, calaban en lo profundo de mi ser, era inevitable que notara mi atracción hacia sí, no era mi objetivo ocultárselo, pero no tuve que decirlo; lo notó. Me invito a caminar por el jardín del hostal donde estuvimos, su presencia fue el detonante de los síntomas: Sudoración acelerada y corazón acelerado, no tuve palabras para Você, solo tuve oídos y una sonrisa dispuestos a escuchar y ser feliz (respectivamente), al ritmo de las bellas y sensuales palabras que de su boca emanaba.
Nunca fui bueno para los números y tuve claro en el examen, que cada día en el que volé a otro lugar mientras la maestra de matemáticas explicaba yo no sé qué cosas ininteresantes para lo que quiero y aspiro sea mi realidad. Disfruté leer cada texto de la competencia de lenguaje, pues disfruto solo aquello que estoy dispuesto a hacer y considero necesario para mi vida, de lo contrario, he de ignorar (a cualquier costo) lo que frente a mí se posé. Veía a mi alrededor y entendía que no estaba rindiendo un examen nada mas, tuve la certeza de que ese tortuoso e interesante papeleo, podría ser la llave de una vida, y digo “podría”, porque existe la posibilidad de que la puerta no sea compatible con lo que hice y me vea forzado a posponer un tiempo más mi sueño de libertad.
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